Autor: Aldir Fernández Cañete 

El ser humano, y con él la sociedad, ha vivido una continua evolución que hace que nuestro progreso marche a pasos agigantados hacia un modelo de vida con violencia desmedida, y que día de hoy, se nos hace imposible controlar a nosotros mismos.

La curiosidad innata en los niños y su afán por involucrarse de lleno en el mundo adulto les hacen ser por desgracia las principales victimas del ritmo vertiginoso al que evoluciona nuestra sociedad. La irascibilidad, las respuestas agresivas, las malas contestaciones o los caprichos y consentimientos que muestran los pequeños no son más que el reflejo de todo aquello que han ido observando sus primeros años de vida.

En la mayoría de los casos, como padres o educadores, nos hemos servido de lo que se denomina castigo negativo para la extinción de éstos u otros comportamientos. Pero educar no consiste únicamente en erradicar aquellas actitudes inadecuadas, sino en propiciar la repetición de aquellas que sean correctas.

¿Cómo educar o condicionar una conducta sin abusar del castigo? El condicionamiento operante o instrumental busca repetir conductas o eliminarlas en función de sus consecuencias.

Podemos servirnos de distintas estrategias en función del objetivo que pretendemos conseguir. Por un lado los castigos buscan erradicar una conducta, mientras que por el otro, los refuerzos, pretenden que se repitan y, en función de la aparición o desaparición de estímulos se clasificarán en positivos o negativos.

  • Castigo Positivo: Buscamos que la respuesta a una conducta negativa deje de repetirse incorporándole un estímulo aversivo. Ejemplo: “Por haber desordenado tu cuarto recogerás los platos y cubiertos de todos en el almuerzo y la cena”.
  • Castigo Negativo: Se dejará de repetir la conducta como consecuencia de suprimir un estímulo que le sea agradable. Ejemplo: “Si le vuelves a quitar un juguete a tu hermana te quedarás tú sin jugar”.
  • Refuerzo Positivo: Este tipo de condicionamiento se sirve del aliciente de un estímulo positivo para conseguir una repetición conductual en el tiempo. Ejemplo: “Cuando termines todas las tareas podrás bajar a la calle a jugar”.
  • Refuerzo Negativo: En este caso la repetición se produce por desaparición de un estímulo que le es aversivo. Ejemplo: “Si te comes el pescado no tendrás que comerte la verdura”.

No existe una metodología universal para llevar a cabo con los niños, y es un errorencasillarse en un solo tipo de modificador de conducta. Un abuso de castigos negativos terminará por conseguir que el niño asuma ese rol de “el castigado”, mientras que los niñoscuyos padres hayan excedido el uso de refuerzos positivos acabarán desarrollando una actitud ingrata, materialista y exigente permanentemente.

Por último, no olvidemos estas cuatro pautas que debemos seguir para tener éxito en el proceso educativo:

  • Es nuestro deber ser firmes en nuestras decisiones en los momentos potencialmente críticos.
  • No caer en chantajes emocionales o dejarse influir por sus llantos o enfados.
  • Corregir, castigar y motivar.
  • Proporcionar al niño el “feedback” para que pueda ver sus avances y valore el proceso y el reconocimiento por un buen comportamiento.
Más allá del castigo

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